La conciliación es un mecanismo de solución de conflictos en el que dos o más partes, acompañadas por un conciliador, buscan construir un acuerdo sin necesidad de llegar a un proceso judicial largo y costoso. Su enfoque es práctico: identificar el problema, ordenar las pretensiones y aterrizar compromisos verificables (fechas, valores, formas de pago, entregas, desistimientos).
Cuando el acuerdo se formaliza en un acta de conciliación, esta suele tener efectos jurídicos relevantes. Por eso, conciliar no es “hablar por hablar”: es negociar con estructura y dejar todo por escrito con claridad.